Las noches de los museos se crearon en los años setenta en Europa, específicamente en Alemania en búsqueda de nuevos públicos por medio de un horario más flexible y tarifas más asequibles, esta propuesta en grandes metrópolis, en países con un PIB per cápita suficiente para tener un gasto en cultura, en esos contextos es una muy buena propuesta. En ciudades pequeñas de países en vía de desarrollo siguen siendo estrategias desesperadas en búsqueda de alcanzar algún público, una metáfora viva de la frase que alude a la obra del belga Francis Alys «máximo esfuerzo, mínimo resultado», eso esfuerzos siguen siendo sólo eso, y continúan lejos de obrar en pro de gestar un gremio o un circuito artístico, su labor está más orientada a asegurar un número de visitantes y aprovechar la coyuntura para hacer gestiones colectivas. Para abordar la desconexión del público con específicamente las artes plásticas y visuales, hay que situarse en el contexto colombiano, no son muchas las personas que tienen el privilegio de pensarse el asistir a una exposición de artes, y una vez lo haga quizás se sienta muy distante de lo que observa, podemos elucubrar sobre la agenda capitalista del arte contemporáneo como un género, de falta de creatividad, de comunicación, etcétera. Una realidad es que el desconocimiento del trabajo de los artistas fomenta la desconexión con este gremio, que lo vean como una profesión distante y elitista. Buscando alternativas de conexión con el público en otros lenguajes artísticos nos encontramos con el cine, y son aún en tiempos de streaming los públicos más fieles en los teatros de países quiénes le apuestan a sus propias producciones, países como Estados Unidos (obviamente), India, Corea del Sur, Francia, Japón y México que tienen leyes fuertes para cuota de pantalla de cine local, destacan por los asistentes a sus propias producciones, Colombia con una ley de cine muy bien construida ha logrado llevar al país de 1 largometrajes a más de 70 (estrenados en sala) por año, aunque aún falta el último paso, que el público asista a los cines a ver cine colombiano, la cuota de pantalla en Colombia funciona en pro del numero de asistentes el primer fin de semana en salas, algo en la práctica insostenible para las producciones nacionales, esto se puede mejorar con la voluntad de la institucionalidad. Esto nos lleva a hablar de las instituciones y sus funciones, la responsabilidad de las instituciones culturales privadas y públicas no es crear cultura, para seguir con el cine como ejemplo, su función no es crear un largometraje, su función es tener un andamiaje para proyectarlo, hacer un conversatorio sobre el y tejer una red donde se pueda seguir su recorrido. La cultura es algo profundamente humano y es tan humano que depende de las voluntades y de sus miradas. Mi perspectiva es, que si apostamos por la difusión del arte local y nacional, podemos conectar con un publico real, no es una certeza pero lo podemos intentar.

 

Datos de contexto.

En Nueva York la entrada a un museo promedia los 50 USD, algo cerca a los 150mil COP.

La entrada al Museo Nacional en Bogotá cuesta 16mil COP, y 10 USD para extranjeros.

La entrada al Museo de Antioquia cuesta 40mil COP.

La entrada al MAMM (museo de arte moderno de Medellín) cuesta 30mil COP.

En Manizales ningún museo cobra la entrada.

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